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Nos han enseñado que el miedo es el enemigo del liderazgo. «No tengas miedo», dictan los manuales de gestión del cambio.
En IQUAL, creemos que ese consejo es incompleto y, a menudo, contraproducente.
El miedo no es una debilidad que hay que eliminar; es una señal biológica que, bien interpretada, se convierte en tu mejor guía estratégica. No se trata de ser temerarios, sino de ser valientes con conciencia.
Neurociencia del miedo: Amígdala vs. Estrategia
El neurocientífico Joseph LeDoux explica que el miedo recorre dos caminos en nuestro cerebro.
El primero es rápido e instintivo, nace en la amígdala. Es el que nos hacía saltar ante un tigre dientes de sable en las cavernas. El segundo es racional, ocurre en la corteza prefrontal.
El problema en las organizaciones modernas es que estamos usando el camino de la amígdala para situaciones que requieren gestión. Una junta de resultados o una presentación ante el consejo no son depredadores que van a devorarte, pero tu cerebro reacciona segregando adrenalina como si tu vida dependiera de ello.
Entrenar la mente consiste en mover el miedo de la amígdala a la corteza. Es transformar la ansiedad automática en un análisis racional de riesgos.
El miedo como brújula: ¿Te frena o te protege?
El miedo es una alerta. Si escuchas una alarma de incendio, lo peor que puedes hacer es ignorarla. Lo inteligente es preguntar: ¿De dónde viene el humo?
En el liderazgo, el miedo suele ser una brújula que indica hacia dónde está el crecimiento. Como dice Steven Pressfield en La Guerra del Arte, la resistencia y el miedo aparecen justo antes de hacer algo grande.
Si sientes miedo ante un nuevo proyecto, es porque te importa. El miedo te está diciendo: «Prepárate, esto es valioso».
Historias de trinchera: Cuando el miedo negocia por ti
Para liderar con claridad, debemos distinguir entre el miedo que nos paraliza y el que nos prepara.
Enrique lo vivió al dejar su último empleo corporativo. En lugar de ignorar el temor a la incertidumbre, decidió escucharlo. Ese miedo le dictó qué acciones tomar: cómo negociar su salida, cómo asegurar su liquidación y cómo diseñar su transición al mundo independiente.
Hacerle caso al miedo no fue huir; fue planificar con precisión.
Por otro lado, Arturo, tras miles de conferencias y talleres, confiesa que sigue sintiendo ese «nervio» o temblor en las piernas antes de empezar. La experiencia no mata al miedo; lo convierte en un socio. Ese miedito es el que lo obliga a revisar cada detalle del proyector, a estudiar a su audiencia y a no caer en el exceso de confianza que arruina las grandes ponencias.
La técnica «Silenzio Bruno»: Hablar con el monstruo
En la película Luca, se popularizó la frase «Silenzio Bruno». Pero en el pensamiento crítico de IQUAL, no la usamos para callar la mente de forma ciega, sino para personificar el miedo.
El miedo no es un ente abstracto; a menudo es una parte de nosotros que intenta protegernos de forma rudimentaria. La técnica consiste en:
- Identificarlo: Ponle nombre a ese miedo (ej. Bruno).
- Sentarlo a la mesa: En lugar de pelear, pregúntale: «¿De qué me quieres proteger hoy?».
- Cuestionar su validez: ¿Es un tigre real (peligro físico) o es un tigre de papel (juicio social)?
Si el miedo te dice que te prepares más, dale las gracias y ponte a estudiar. Si solo te dice «te van a criticar», dile: «Gracias por el aviso, Bruno, pero voy a sobrevivir».
La acción: El combustible de la confianza
Existe el mito de que primero necesitas sentirte seguro para actuar.
La realidad es al revés: la acción alimenta la confianza. Piensa en la historia de Will Smith sobre lanzarse en paracaídas. El miedo fue absoluto en las horas previas, en el avión y en la puerta abierta. Pero en el momento del salto, en plena acción, el miedo desapareció para dar paso a la experiencia más pura de su vida.
Del otro lado del miedo están los resultados que buscas. No esperes a que el miedo desaparezca; el miedo se disuelve únicamente con el movimiento.
Como decía Séneca: «Sufrimos más en nuestra imaginación que en la realidad». No permitas que tus escenarios catastróficos dicten tu agenda directiva.
El Reto de la Semana
Identifica una decisión que has estado postergando por «precaución». Analízala con rigor:
Pregúntate: ¿Este miedo me está protegiendo de un riesgo real o me está frenando de un crecimiento necesario?
Si es lo segundo, aplica la técnica de «Silenzio Bruno»: no intentes ignorar al miedo, siéntalo a la mesa, escucha qué detalle te pide cuidar y luego… actúa. La claridad no llega pensando, llega haciendo.
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