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En la mayoría de las organizaciones, el error se vive como un dardo envenenado. Se busca al culpable, se le señala y se le cobra la factura —emocional o económica—.
¿El resultado? Equipos que ocultan sus fallas, procesos que no mejoran y una innovación que brilla por su ausencia. Porque nadie se atreve a intentar algo nuevo si sabe que, de fallar, terminará con un «sello de cochinito» en la frente.
En IQUAL, sostenemos que fallar no es el fin del camino; es, de hecho, la única forma de pavimentarlo hacia el éxito real.
El trauma del «cochinito»: ¿Por qué nos aterra fallar?
Nuestra fobia al error no nació en la oficina; nació en el aula.
Muchos crecimos en un sistema donde fallar significaba una exposición pública. Arturo recuerda los sellos en la escuela: si hacías un borrón o te equivocabas, te ponían un cochinito. Una marca de identidad que decía «eres incompetente».
Ese trauma lo hemos trasladado a la alta dirección.
Cuando un líder castiga el error sin matices, está enviando un mensaje claro: «No experimentes». Y sin experimentación, la resiliencia es solo una palabra vacía en un manual de Recursos Humanos, no una capacidad instalada.
El error como maestra: Lecciones del promedio .300.
Debemos empezar a ver el error como parte del proceso, no como una interrupción.
En el béisbol, los mejores bateadores tienen un promedio de .300. Esto significa que fallan el 70% de las veces. Si ellos esperaran un 100% de efectividad, no podrían ni sujetar el bate por la presión.
Lo mismo sucede en la medicina o en la ciencia. Como expone el Dr. Brian Goldman, el silencio sobre los errores médicos cuesta vidas. En la empresa, el silencio sobre los fallos de proceso cuesta millones y mata la agilidad.
No se trata de equivocarse por negligencia. Se trata de entender que, si estás en acción, vas a recalcular la ruta constantemente. Como un GPS: fallas la vuelta, recalculas y sigues.
La vulnerabilidad como herramienta de poder
Existe la creencia de que el líder debe ser infalible. Nada más lejos de la realidad.
Recientemente, en una sesión en Morelia, Arturo rompió accidentalmente una pinza de un rotafolios frente a toda su audiencia. Hace años, su primer instinto hubiera sido ocultarlo. Hoy, lo usó como un ejemplo vivo de mentalidad de crecimiento. Se rió de su propia falta de habilidad manual y conectó con el grupo desde la honestidad.
Cuando un líder admite: «Me equivoqué en esta decisión», no pierde autoridad; gana seguridad psicológica.
La seguridad psicológica es la creencia de que nadie será humillado por proponer una idea «loca» o cometer un error honesto. Es el único suelo fértil donde crece la innovación.
Del señalamiento al Kaizen: Cómo cambiar la cultura
En Japón, la filosofía Kaizen (Toyota) enseña que, si un trabajador detecta un error, debe levantar la mano. No para ser castigado, sino para que todo el equipo detenga la línea y mejore el proceso.
Si en tu empresa la energía se gasta en:
- Buscar quién tuvo la culpa.
- Limpiarse de la equivocación.
- Chismear sobre el fallo ajeno.
Entonces, lo que tienes es una cultura de culpabilidad, no de resultados.
Hacerse cargo no es buscar castigo; es buscar aprendizaje. Es decir: «Esto no funcionó, esto aprendí y así lo solucionamos».
El Reto de la Semana
Esta semana, elige un error —propio o de tu equipo— que normalmente intentarías justificar o esconder.
Haz lo siguiente: Ábrelo en tu próxima reunión. No des excusas, da aprendizajes. Di: «Cometí este error, aprendí X cosa y así lo estoy solucionando».
Observa cómo cambia la dinámica de tu equipo cuando quitas el miedo de la mesa. La innovación empieza el día que fallas y te das cuenta de que no moriste en el intento.
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🚀 ¿Tu cultura empresarial castiga el error o premia el aprendizaje?
En IQUAL ayudamos a líderes a construir equipos con seguridad psicológica real.
